|
07/06/2007EditorialTESTIGOS O PROTAGONISTASMuchas veces se ha dicho, desde el lugar común, que los periodistas somos los testigos principales de la Historia, con toda la densidad que el concepto carga sobre sus espaldas. Sin embargo, estudiosos y no tanto de la materia prefieren caracterizar a los periodistas como los protagonistas de esos acontecimientos históricos, dando testimonio de las distintas épocas en las que les han tocado vivir.
Ser protagonistas implica correr riesgos. Los periodistas habitualmente convivimos con las tensiones cotidianas de enfrentarse con los poderes, sean propios o ajenos. El oficio impreso a fuego en el código genético de esa raza particular, al decir de Walsh, es de por sí violento, enmarañado de esas tensiones, conflictos y el desafío constante de la lucha por revelar verdades que algunos prefieren guardar bajo tierra.
La muerte de al menos 81 periodistas en el ejercicio de su profesión o por expresar sus opiniones en un total de 21 países durante 2006 hace de este año el más mortífero desde 1994, cuando perdieron la vida un total de 103 profesionales de los medios de comunicación, casi la mitad de los cuales fallecieron durante el genocidio de Ruanda y una decena de ellos en la antigua Yugoslavia.
A estos 81 reporteros muertos (frente a los 63 de 2005), se suman los 32 colaboradores de los medios de comunicación que han perdido la vida (conductores, traductores, técnicos, agentes de seguridad), lo que contrasta con los cinco del año anterior a la estadística. Asimismo, hubo al menos 871 detenidos, 1.472 agredidos o amenazados, al menos 912 medios de comunicación censurados y 56 periodistas secuestrados.
Por otra parte, durante 2006 también se registró una cifra récord en el número de agresiones contra periodistas, que llegó a más de 1.400 casos, según la ONG Periodistas Sin Fronteras, que explicó que los actos violentos fueron particularmente numerosos en las múltiples campañas electorales que se produjeron a lo largo del período 2006.
El Día del Periodista fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas: un 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la “Gazeta de Buenos Ayres”.
La Gazeta fue el primer periódico de la etapa independentista del país, tras un decreto de la Primera Junta que tuvo como objetivo “anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales”. Además del propio Moreno, se destacaron en la redacción Manuel Belgrano y Juan José Castelli, actores decisivos en la emancipación nacional.
Si existe una generalidad en todos los gobiernos de facto, es la de limitar las expresiones de la prensa, cualquiera sea su soporte. Durante la última dictadura militar argentina (1976-1983) más de un centenar de periodistas fueron secuestrados, exiliados, encarcelados, asesinados o directamente desaparecidos.
Con el advenimiento de la democracia, no nos fue tan bien y si bien a nivel nacional se permitió escribir sin censura, en Entre Ríos, el autoritario gobierno de Sergio Alberto Montiel, cercenó la libertad de expresión intentando cerrar medios como EL SOL, a quien también trató de asfixiar económicamente mediante el ardid de no otorgarle publicidad oficial.
Hoy mismo, hay quienes imitan a Montiel, demostrando que no interesa otra cosa que se lo aplauda desde las páginas de este diario. Si así no se hace, hay que olvidarse de las pautas publicitarias y un diario de provincia, sobrevive gracias a que los gobiernos están obligados a publicitar sus acciones, que algunos intendentes confunden con una supuesta obligación de aplaudirlos personalmente como si fueran “genios”.
En este Día del Periodista, cuando los “genios” nos invitan a compartir una mesa y a brindar, deberían reflexionar sobre sus últimas acciones tendientes a asfixiar a los medios que no los aplauden. Por mi parte, no levantaré ninguna copa con ellos, me abstendré de tratar de ser diplomático ni hipócrita, pensaré en mi solitario festejo, mezcla asceta de reflexivo retiro y de preparación de armas, volver al ruedo con todas las fuerzas y usar mis limitados recursos, no ya como testigo de mi tiempo sino como protagonista que ansía un mundo mejor. |
 |
|
|

|